Doñana se extingue

Doñana se extingue

Sufrimos una desconexión emocional de lo natural y nos hemos vuelto insensibles a sucesos que han emocionado al alma humana en su discurrir por la historia, afirma el joven autor Alejandro Quecedo en esta tribuna. Nos hemos recluido en el mundo urbano y digital, donde la naturaleza no puede penetrar, y eso alimenta una visión cada vez más materialista de la naturaleza, que impide su conservación

Doñana se extingue. Pero esto, más que una novedad, parece una confirmación. Durante los últimos años, el humedal más extenso de Europa venía dando signos de alarma acosado por el regadío ilegal, el cambio climático y la presión humana. Las marismas, las dunas y los bosques de Doñana amenazan con dejar de ser un espacio seguro para la biodiversidad que atesoran (más de 1.300 especies vegetales y unas 450 especies animales). Pero, ahora, Doñana está más cerca que nunca de sufrir el golpe de gracia definitivo.

La tarde del 9 de febrero, el Parlamento Andaluz admitió a trámite la Proposición de Ley que pretende legalizar 1.900 hectáreas de regadío en el entorno del Parque Nacional. De facto, esto implica amnistiar los pozos ilegales que han estado drenando el agua que sustenta la vida de nuestro espacio natural insignia. No obstante, más allá de amparar esta injusticia cometida contra la naturaleza y las gentes que viven de, con y para Doñana, la Proposición de Ley generará un efecto llamada que aumentará la presión acuífera de forma insostenible. Sencillamente, Doñana, tal y como la conocemos, dejará de existir.

acuíferos
Vista área del Parque Nacional de Doñana.

No es posible encontrar las palabras adecuadas para describir las consecuencias de semejante degradación en Doñana. Esta tragedia medioambiental no estaría únicamente restringida a la pérdida del humedal más importante de nuestro litoral. El impacto se magnificaría a través de la biodiversidad (para la cual Doñana es un enclave esencial). La avifauna perdería un humedal esencial para la invernada, la cría y sus rutas migratorias. Además, especies en peligro crítico de extinción como la cerceta pardilla se verán privadas de uno de sus últimos y más importantes reductos. Con la desaparición de Doñana, la pérdida de biodiversidad que ya estamos sufriendo se verían irremediablemente acelerada a una escala que traspasaría con creces los límites del área protegida por el parque nacional.

“Necesitamos desesperadamente enclaves como Doñana para mitigar la crisis climática”

Por otra parte, necesitamos desesperadamente enclaves como Doñana para mitigar la crisis climática. Los humedales, reducen en gran medida el riesgo de inundaciones al ser capaces de almacenar grandes cantidades de agua que, además, purifican. Por otra parte, las marismas son capaces de sostener una biodiversidad riquísima (especialmente de flora), lo que les convierte en espacios muy eficientes a la hora de capturar y almacenar las emisiones de dióxido de carbono.

Ahora bien, no debemos limitarnos a advertir las consecuencias trágicas que esta ley traería para Doñana en particular y nuestro medio ambiente en general. El valor de Doñana es de sobra conocido y está protegido por multitud de convenios en clave nacional e internacional (como el Convenio Ramsar).

Reivindicar el valor de Doñana no será suficiente. Necesitamos comprender cómo hemos podido llegar a este punto. Y, en consecuencia, no nos queda más remedio que plantearnos la siguiente pregunta: ¿por qué estamos dispuestos a provocar la desaparición de Doñana?

Es obvio que existen intereses particulares y políticos concretos. Pero, el caso de Doñana no es por desgracia puntual. Nuestros espacios protegidos están en constante jaque. Y, las leyes que consuman estos ataques son rara vez confrontadas con gran oposición ya sea ciudadana, legal o política. ¿Por qué nos quedamos de brazos cruzados ante el ultraje a nuestro patrimonio natural? Decisiones políticas como la que acecha Doñana carecen cualquier legitimidad. El interés arbitrario de unos pocos pone en peligro uno de los enclaves naturales que todos necesitamos. La pérdida de especies y espacios que acarreará la puesta en práctica de esta ley es sencillamente inadmisible. ¿Por qué nos quedamos de brazos cruzados ante tal atentado contra la naturaleza y nuestro futuro?

«Sufrimos una desconexión emocional de lo natural, nos hemos vuelto insensibles a sucesos que han emocionado al alma humana en su discurrir por la historia»

La crisis que está sufriendo Doñana es el resultado de un problema mucho más sutil, más abstracto, pero más total: nuestra desconexión emocional de lo natural. Hemos sufrido un profundo desarraigo de la naturaleza. Los amaneceres y atardeceres, el trinar de las aves, la caída de las hojas en otoño y el renacer de la primavera, el perpetuo discurrir del agua, la vivacidad de las nupcias en el mundo animal… En las últimas décadas nos hemos vuelto insensibles a estos sucesos que han emocionado al alma humana en su discurrir por la historia. Hoy, nos hemos recluido en el mundo urbano y digital, donde la naturaleza no puede penetrar a no ser que sea reducida a producto consumible tal y como hemos hecho con los zoos, los jardines y la producción audiovisual relacionada con la naturaleza.

Sin embargo, el desarraigo de la naturaleza no implica una separación (pues esta sería del todo imposible). El ser humano ha seguido relacionándose con la naturaleza, pero esta relación se ha convertido en una de dominación y explotación. Para que la deforestación, la extinción de especies o la contaminación sean justificables, no hemos sacrificado únicamente nuestro vínculo emocional con la naturaleza, sino que hemos reconfigurado su valor.

“Nos hemos recluido en el mundo urbano y digital, donde la naturaleza no puede penetrar”

Nuestras sociedades ya no aprecian la naturaleza por su valor intrínseco, por el milagro de su complejidad, su belleza o la espectacularidad de lo sublime. Nuestras sociedades contemplan la naturaleza con una lógica estrictamente capitalista: ¿qué valor económico tienen sus recursos?, ¿qué servicios puede prestar? Y es por eso por lo que la naturaleza suele perder las batallas políticas: sencillamente, su valor es trascendente y no se subordina a las demandas de inmediatez y rentabilidad económica que requiere los intereses partidistas que rigen nuestros parlamentos.

Doñana se extingue. Pero lo que estamos perdiendo es mucho más que una joya natural, sus especies y ecosistemas. Con Doñana, también se está extinguiendo nuestra propia humanidad, pues una sociedad que no es capaz de reconocer y proteger la vida en todas sus formas, solo puede ser una sociedad cegada por su avaricia, descuartizada por sus intereses partidarios, tiránica con el futuro e insensible ante la vida misma. ¿Somos realmente este tipo de sociedad? Doñana lo dirá…


Alejandro Quecedo es un joven activista ambiental, representante español en la primera cumbre de juventud y clima de la ONU y el foro Youth4Climate de Milán. Es autor del libro Gritar lo que está callado.



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