El valor del agua en su (in)justa medida

El valor del agua en su (in)justa medida

Con motivo de la celebración del Día Mundial del Agua, el director de El Ágora, Curro Lombardo, reflexiona sobre el protagonismo que merece este recurso en el devenir de la humanidad y la vida en el planeta, y sobre por qué este mensaje no está calando en la sociedad


Curro Lombardo Curro Lombardo es director de El Ágora, diario del agua


¿Saben? Reconozco que, como a todo hijo de vecino, hay temas a los que presto una especial atención. Temas que me preocupan y temas que, a ciencia cierta, sé que requieren menos preocupación y más ocupación. No sé si por aquello de la deformación profesional, mi experiencia vital o mis propios valores, el futuro es uno de esos temas que acaparan gran parte de mis pensamientos y de mis pre-ocupaciones.

También el agua. Y que se reconozca su justo valor para la vida y su vital dependencia para ese futuro que todos y todas deseamos, es algo que me (pre)ocupa. Y con el agua y con el futuro, casi que prefiero pecar por exceso que por defecto.

“La importancia del agua no parece ser un mensaje que esté ‘calando’ en nuestras agenda de prioridades”

Presente y futuro necesitan agua. Obvio. Y no sé si, ante semejante obviedad, corremos el riesgo de caer -o estar cayendo- en la inacción y en la pasividad, bajo la errónea creencia de que hay bienes que fluyen inagotables. Bienes que debieran requerir gran parte de nuestra atención, de nuestro compromiso, y de nuestro valor para entrar en acción y darles el protagonismo que merecen.

Reconozco que el lema de este Día Mundial del Agua 2021, que pone el foco en su valor, me parece un tanto peculiar y bastante paradójico. Y es que, mientras Naciones Unidas reitera el valor del agua para la vida, para el desarrollo sostenible y para el mismísimo devenir de la humanidad y del planeta, éste no parece ser un mensaje que esté calando en nuestras agenda de prioridades, y, por ende, en nuestros planes estratégicos y, cuanto menos, en nuestros concienzudos planes de reconstrucción, donde para el caso de España, su presencia ha quedado totalmente diluida.

“El agua y el saneamiento, lejos de consolidarse como dos derechos humanos universales, siguen ahondando en las muchas brechas de desigualdad”

Créanme cuando les digo que no entiendo por qué tampoco a nivel internacional, agua y saneamiento, un objetivo central, vital y estratégico en la Agenda 2030 de Naciones Unidas, sigue sin ser valorado en su justa medida, y siguen sin contar con los esfuerzos y el foco de según qué personalidades para garantizar el derecho humano allá donde realmente es un desafío. Porque el agua y el saneamiento, lejos de consolidarse como dos derechos humanos universales, siguen ahondando en las muchas brechas de desigualdad: sanitariasde género o educativas, por citar solo algunas de ellas.

Les mentiría si les dijese que no me (pre)ocupa la Sostenibilidad del agua y su Gobernanza; o que no me preocupa que no se valore en su justa medida y se le dé el protagonismo que merece para el mismísimo devenir del futuro y la vida en el planeta.

También les mentiría si les dijese que, como ciudadano, me voy a dejar arrastrar por la desazón y pasividad colectivas respecto del agua; o que, como director de El Ágora, no aspiro a convertir el medio en baluarte de la reivindicación del valor y la centralidad de este recurso escaso dentro de la Agenda 2030, esa que 193 países refrendaron de manera unánime y con la que trazaron la hoja de ruta para conseguir, entre todos, un futuro, también sostenible.

“El valor del agua para la vida no admite quiebros ni titubeos. Debiera ser uno de esos valores en sí mismos”

Aún estamos a tiempo de impulsar un marco de reconstrucción y un nuevo modelo de producción que considere la importancia del agua y el valor del consenso en todas las decisiones que afectan a nuestro futuro, en la medida en que, como quiera que sea, me gustaría que gobernantes, empresas, sociedad civil, entidades sin ánimo de lucro, academia… valorasen y apreciasen el agua como recurso limitado; como bien necesario para nuestros actuales sistemas sociales, económicos y productivos; para nuestra cultura y para nuestra civilización. Para proveer un futuro a nuestros hijos. Y a los hijos de nuestros hijos…

El valor del agua para la vida no admite quiebros ni titubeos. El valor del agua debiera ser uno de esos valores en sí mismos. Y sin lugar a dudas, debiera formar parte de nuestras prioridades y de nuestras agendas sin necesidad de que nadie nos lo recordase reiteradamente.

Debiera, el valor del agua, no darse por hecho y por supuesto. Pero para impulsar ese cambio de conciencia hace falta mucho coraje. Mucho compromiso. Y mucho, pero que mucho valor…



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