El pasado no ha lugar en el futuro - EL ÁGORA DIARIO

El pasado no ha lugar en el futuro

Con motivo de la celebración del Día Mundial del Medioambiente y del segundo aniversario de El Ágora, diario del Agua, su director, Curro Lombardo, reflexiona sobre el papel de la comunicación -líquida- en estos tiempos de incertidumbre, en los que es imprescindible mirar al futuro para afrontar los desafíos venideros


Curro Lombardo Curro Lombardo es director de El Ágora, diario del agua


Hace apenas un par de años nacía un proyecto editorial ilusionante. A propósito del Día Mundial del Medio Ambiente, un 5 de junio de 2019 asistíamos a la puesta de largo de El Ágora, el diario del agua. Escasos 731 días después, y gracias a la labor de todos sus profesionales, de su mesa de redacción, de sus equipos de multimedia y redes sociales, además de los colaboradores y corresponsales que tenemos desplazados por todo el mundo, aquel diario, nativo digital, se ha convertido hoy en todo un referente dentro y fuera del sector del agua.

El Ágora del año 2021 es un medio también del siglo XXI, que, entre líneas, sabe interpretar las necesidades y las demandas de sus usuarios. Los lectores de hoy no se conforman con viejas fórmulas de comunicación unidireccional, estática y plana. Blindada a las críticas y al diálogo. La sociedad del siglo XXI es una sociedad informada y consciente, que exige a las organizaciones un comportamiento ético, sostenible y transparente. Y exige a los medios de comunicación información rigurosa y veraz, que atienda, como todo, a un propósito.

El Ágora es un medio digital nacido desde, por y para la Sostenibilidad, que busca ofrecer respuestas a través de información y divulgación rigurosa, transparente y veraz

“El medio es el mensaje”, decía el erudito y filósofo de la Comunicación, Marshall McLuhan, que consagró sus estudios a la coherencia comunicativa, vislumbrando por aquel entonces el futuro en el que vivimos hoy. “La mayoría de las personas viven en una época anterior -aseveró- pero uno debe vivir en su propio tiempo”.

Y precisamente bajo esta premisa tratamos de escribir día a día en El Ágora. A pesar de la juventud del medio hemos aprendido las lecciones del pasado, y tratamos de aprovechar la virtualidad y la capacidad de un medio digital nacido desde, por y para la Sostenibilidad (mayúscula), que busca ofrecer respuestas a través de una información y una divulgación rigurosa, transparente y veraz, con las herramientas, los canales y un lenguaje propio también para las generaciones que construyen el futuro. Hablamos el mismo idioma. Y (nos) damos cuenta, narramos, informamos y exigimos respuestas a los asuntos que nos conciernen hoy y que, de no actuar, escribiremos en términos de “urgencia” y “crisis” en un mañana no tan lejano.

futuro

En este sentido, me permito hacer mías las reflexiones y el marco conceptual y filosófico de Zygmunt Bauman, y su “modernidad líquida”, convencido de que, en un contexto de incertidumbre como el que vivimos, en el que apenas quedan estructuras de comportamiento, de producción o de relación sólidas, la comunicación -como la modernidad o la sociedad- es también una comunicación líquida. La comunicación que hacemos en este preciso instante, como la realidad, se me antoja más líquida que hace solo unos pocos años. ¡Qué digo unos pocos años! Que hace solo unos pocos meses.

Cuando emprendíamos un proyecto comunicativo como El Ágora, aspirábamos a poner el foco de atención en el agua, como protagonista y pilar imprescindible del desarrollo sostenible, con una hoja de ruta marcada por Naciones Unidas, la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Un camino único de cuyo éxito depende -y dependerá-, también en lo que a agua y saneamiento se refiere (ODS 6), el futuro del planeta que habitamos.

Una pandemia después, el momento actual, marcado por una crisis sanitaria sin precedentes para las generaciones contemporáneas, es absolutamente impredecible, fugaz, cambiante, con escasas referencias sólidas a las que aferrarnos. La COVID-19 ha canibalizado, por decirlo de algún modo, la actualidad informativa. Y durante un tiempo -que es oro- ha relegado a un segundo plano esas otras grandes crisis que aguardan; y que requieren ser tratadas con rigor y desde el diálogo, el consenso y el espíritu (re)conciliador e integrador propuesto por la ONU en su ODS 17.

Así y solo así evitaremos tener que atender con urgencia esas otras crisis relacionadas con el clima, la pérdida de biodiversidad o de recursos vitales como el agua.

A pesar de lo líquido de estos tiempos de crisis e incertidumbre, la humanidad sigue necesitando encarar los desafíos venideros y restaurar unos ecosistemas en jaque.

Desde un punto de vista comunicativo la crisis sanitaria ha forzado, también en el ámbito de la comunicación, una situación líquida. “Como un líquido en un vaso, en el que el más ligero empujón cambia la forma del agua. Y esto está por todas partes”, decía Bauman. El escenario dibujado por el filósofo polaco está definido por la ausencia de “las realidades sólidas” de generaciones anteriores. La realidad sólida, que se ha desvanecido, “ha dado paso a un mundo más precario, provisional, ansioso de novedades y, con frecuencia, agotado”.

Y precisamente por la liquidez del momento, un diario como El Ágora apuesta de forma decidida por mirar al futuro. Y es que, a pesar de lo líquido de estos tiempos de crisis e incertidumbre, la humanidad sigue necesitando encarar los desafíos venideros, contribuyendo, más que nunca, a restaurar unos ecosistemas en jaque.

Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, la ONU nos recuerda la importancia de “Reimaginar, Recuperar y Restaurar” nuestro entorno.

Como diario del agua y de la Sostenibilidad (mayúscula), desde su ámbito de actuación, la comunicación, El Ágora se sabe parte de esa #GeneraciónRestauración. Por eso, seguiremos velando por el desarrollo sostenible y posible de la Agenda 2030, en general; del agua, en particular; y, sobre todo, del futuro.

Con la comunicación y desde la comunicación y el ejercicio periodístico, seguiremos contribuyendo a escribir la agenda del futuro, exigiendo nuevas formas de hacer, de estar y de relacionarnos con el mundo y en el mundo. ¿Saben por qué? Porque en el futuro no ha lugar para el pasado.  



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