El sol, esa ventaja que aún no sabemos aprovechar - EL ÁGORA DIARIO

El sol, esa ventaja que aún no sabemos aprovechar

Dice el refrán que en casa del herrero, cuchillo de palo, y eso es trasladable a la extraña relación que tenemos los españoles con nuestra energía renovable más abundante, el sol


Bethlem Boronat Directora del Máster de Design Thinking & Customer Experience de EAE Business School


Aunque a efectos de producción a gran escala sí que se han desarrollado proyectos potentes que han impulsado la generación y uso de la energía solar, a nivel doméstico, España aún está lejos de igualar las cifras de otros países europeos en los que ver el sol es casi noticia.

Todos somos perfectamente conscientes de que poseemos una riqueza energética que cualquier país envidiaría  y, durante años, nosotros mismos nos autoenvidiamos esa posibilidad. Fueron los años del impuesto al sol, es decir, a partir de 2015, cuando se estableció que aquellas personas que quisieran instalar placas solares en sus propiedades para su autoconsumo, debían abonar una tasa para el mantenimiento del sistema eléctrico.

Aunque había muchos casos de exención  -potencias inferiores a los 10 kWh o las instalaciones de autoconsumo no conectadas a la red- por el mero hecho de existir, esta tasa fue un potente desincentivador para aquellos ciudadanos que se planteaban dar el paso a producir su propia energía limpia. Al menos, hasta que en 2018 la Unión Europea consideró ilegal obligar a abonar este tipo de tasas a los ciudadanos que optaban por energía limpia de autoconsumo y el gobierno eliminó el impuesto.

No solo la tasa suponía un obstáculo, también otro aspecto que afectaba directamente al bolsillo. Hasta hace muy poco, el coste de la instalación de las placas y de todo el sistema de gestión de la energía por ellas obtenida, incluidas las baterías de acumulación que garantizan la estabilidad del servicio, era una inversión demasiado elevada el poder adquisitivo medio de los hogares españoles. Solo aquellos que disponían de un fondo de bolsillo o aquellos muy comprometidos –y por ende, dispuestos a renunciar a otros gastos por disponer de autoconsumo sostenible- se animaban a instalarlas.

«El autoconsumo doméstico en España solo representa un 19% del total de los kilowatios producidos»

Toda esta dinámica empezó a modificarse a partir de los meses de confinamiento.

Durante este tiempo encerrados en casa, quien más y quien menos logró ahorrar, bien por la reducción del ocio, porque todos comprábamos con mucho más tiento o porque el gasto en ropa bajó considerablemente. Sea como fuere, aquellas familias que tras la derogación del impuesto al sol habían empezado a ver con buenos ojos la posibilidad de autoconsumir, se encontraron con un rinconcito ahorrado que les permitía lanzarse  por fin e instalar su propio sistema de generación.

Y coincidieron con una reducción considerable de los precios de instalación, en una combinación ideal para animar el mercado. Con todo, aún el autoconsumo doméstico en España solo representa un 19% del total de los kilowatios producidos. Además, la ausencia de impuestos permitía amortizar más rápidamente la inversión.

Pero España tiene un hándicap que generalmente no se tiene en cuenta cuando se evalúa el estado de la energía solar de autoconsumo: en las grandes ciudades, donde se acumulan más consumidores eléctricos, la mayoría de los ciudadanos vive en edificios sobre los que tienen un control limitado en lo que respecta a instalación de dispositivos y otras modificaciones.

Quien más y quien menos ha experimentado las complicadas negociaciones que se establecen en las comunidades de vecinos a la hora de decidir hacer algún gasto, aunque sea beneficioso para la comunidad, no hablemos ya de derramas y otras decisiones que cuesta muchísimo consensuar.

A toda esta complejidad negociadora esto se suma que, en ocasiones, el uso de energías renovables se identifica, erróneamente, con un posicionamiento ideológico.


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