"El potencial de la economía circular todavía no ha sido liberado"

«El potencial de la economía circular todavía no ha sido liberado»

Ander Eizaguirre

Analista de políticas en la OCDE

Hablamos con Ander Eizaguirre, analista de políticas en la Unidad de Gobernanza del Agua y la Economía Circular de la OCDE, sobre la necesidad de impulsar la circularidad a través de un enfoque que privilegie una mejor gobernanza mediante alianzas entre diferentes actores


Nicolás Pan-Montojo
Madrid | 25 febrero, 2022

Tiempo de lectura: 10 min



La transición circular no acaba de arrancar. El mundo está produciendo el doble de residuos plásticos que hace dos décadas y la mayor parte termina en vertederos, se incinera o se filtra al medio ambiente, porque solo el 9% se recicla con éxito, según un documento publicado esta semana de la Organización para la Cooperación y el Desarollo Económico (OCDE). Y, en países como España, la circularidad parece estar directamente estancada: de acuerdo con lo expuesto en el Informe Cotec Situación y Evolución de la Economía Circular en España, el uso circular de materiales es solo de un 10%, mientras que la tasa de reciclado en España es del 35%, lejos del objetivo del 50% marcado por la Comisión Europea para 2020 y por debajo de la media de la UE-27 (48%).

A pesar de estos datos, el analista de políticas Ander Eizaguirre es cautelosamente optimista: para este miembro de la Unidad de Gobernanza del Agua y Economía Circular, dentro de la División de Ciudades, Políticas Urbanas y Desarrollo Sostenible de la OCDE, el desafío está en «pasar de la teoría a la implementación». Y es que, aunque en los últimos años se ha producido un incremento en cuanto al número de estrategias circulares tanto a nivel nacional como regional y local,  «lo que toca es poner en marcha estas iniciativas y llevar a cabo un seguimiento y monitorización para ver cómo están funcionando».

A pesar de su juventud, Eizaguirre es ya un auténtico experto en el ámbito de la economía circular. Desde su incorporación a la OCDE en 2019, ha contribuido a los diálogos políticos sobre la economía circular y el agua a nivel nacional y sub-nacional en diferentes países, incluyendo los Diálogos de Políticas de la OCDE sobre la Economía Circular en las ciudades de Umeå (Suecia) , Groningen (Países Bajos) Granada y Valladolid (España) y Glasgow, cuyo informe fue presentado en la COP26. También es uno de los autores del informe de la OCDE sobre la Economía Circular en Ciudades y Regiones (2020) y ha trabajado en el ámbito del clima y la energía en la Delegación Permanente ante la UE de la CEOE.

Eizaguirre, que también tiene un máster en Investigación Económica por la Universidad UNED y otro en Dirección de Empresas por la Universidad de Deusto, tiene claro en cualquier caso por donde pasa el camino hacia la transición circular: las ciudades y otras entidades sub-nacionales. Al fin y al cabo, es en el niveSi l local donde se puede avanzar más rápido hacia la sostenibilidad si se cuenta con un marco de gobernanza adecuada que permita a todos los actores aprovechar las sinergias existentes para innovar y aplicar sobre el terreno los últimos desarrollos. Hablamos con este analista de éste y otros temas, incluyendo el progreso global en materia de desarrollo sostenible y la importancia que tiene el agua para avanzar en circularidad.

P.- ¿Cómo se ve desde la OCDE el estado actual de la transición ecológica? ¿Creen que se están aprovechando los fondos de recuperación para avanzar en este sentido?

R.- Los países de la OCDE actualmente en lo que están más enfocados es en el cumplimiento del Acuerdo de París, por lo tanto, están centrados en cumplir el objetivo de limitar el calentamiento global para que no supere los 2 grados centígrados, y preferiblemente los 1,5 grados, en comparación a los niveles preindustriales.

En cuanto a la recuperación económica tras la COVID-19, la OCDE ha lanzado la Green Recovery Database, con la que se ha podido ver que, si bien la OCDE considera que la recuperación económica derivada de la crisis de la COVID-19 es una oportunidad para reconstruir mejor y de manera sostenible, únicamente el 21% de las 1.380 medidas repartidas entre 44 países tienen un impacto ambiental positivo.

Esto implica que casi un 80% de estas medidas de recuperación o bien no toman en cuenta la dimensión medioambiental. Por lo tanto, es muy importante que se tomen acciones concretas para que la recuperación no sea una oportunidad fallida.

P.- ¿Estamos en un momento de impulso definitivo de los ODS y la Agenda 2030 o la pandemia ha dificultado todo?

R.- Yo no diría que lo ha dificultado todo. La pandemia ha puesto en evidencia que es posible hacer cambios y transformar las políticas para avanzar en las necesidades urgentes de la economía y la sociedad. Tampoco diría que ha habido un parón: los Gobiernos están avanzando hacia la consecución de los ODS.  Por ejemplo, todos los países de la OCDE ya han alcanzado tasas de mortalidad materna, infantil y neonatal muy por debajo de las requeridas por la Agenda 2030 (ODS 3); la mayoría de las escuelas de los países de la OCDE proporcionan acceso a Internet con fines pedagógicos (ODS 4); y casi todos los ciudadanos de la OCDE ciudadanos de la OCDE tienen acceso a la electricidad (ODS 7) y a las redes móviles (ODS 9).

«Casi dos tercios de los indicadores de los ODS, 105 de las 169 metas, no se podrían lograr sin las ciudades y las regiones»

Pero claramente aún queda mucho por hacer. De hecho, dentro de la División de Ciudades, Políticas Urbanas y Desarrollo Sostenible de la OCDE, hemos comprobado que las entidades sub-nacionales también tienen un rol muy importante que jugar en la consecución de la Agenda 2030 : casi dos tercios de los indicadores de los ODS, 105 de las 169 metas, no se podrían lograr sin las ciudades y las regiones. De hecho, en los países de la OCDE, la mayoría de las ciudades y regiones intervienen en políticas que son fundamentales para el desarrollo sostenible y el bienestar de las personas, desde el agua hasta la vivienda, el transporte, las infraestructuras, el uso del suelo y el cambio climático, entre otros. También son responsables de casi el 60% de la inversión pública total en la OCDE, en particular de las inversiones relacionadas con la transición climática, y de casi el 40% del gasto público total.

P.- ¿Qué papel deben jugar entonces las ciudades?

R.- Al final, los gobiernos subnacionales tienen un papel muy clave, por ejemplo, en cuanto al ODS 13 sobre acción climática. Hemos visto con los datos analizados del informe “A Territorial Approach to the Sustainable Development Goals: synthesis report” que la mayoría de las ciudades se encuentran en el camino para conseguir esos resultados. Incluso hay urbes que ya están muy cerca de cumplir con los objetivos, como por ejemplos Zurich (Suiza), Viena (Austria) o Bergen (Noruega). Pero, en cualquier caso, esto demuestra que las autoridades locales y regionales deben ser importantes en esta acción global.

Viena
El verde es una norma en Viena, que aparece entre las ciudades de la OCDE más sostenibles.

P.- Parece que el protagonismo es sobre todo de ciudades de países desarrollados. ¿Cuáles deberían ser las prioridades de las ciudades del mundo en desarrollo?

R.- Cada país y cada ciudad tiene sus prioridades, por lo que es complicado que todos avancen al mismo ritmo. Pero en lo relativo a los países en vías de desarrollo, estos países cuentan con un gran número de megaciudades, un fenómeno que va en aumento teniendo en cuanta que las proyecciones muestran que para 2050 la población mundial alcanzará los 9.000 millones de personas y más de la mitad vivirá en ciudades. Por lo tanto, todo esto requerirá de nuevas infraestructuras y la manera en que esta infraestructura urbana se construya tendrá mucha influencia. Eso sí, al final, estamos hablando de un problema que es global, y aunque las prioridades y las capacidades difieran, todas las ciudades tienen el poder de construir su propio camino y con sus decisiones influir en el resultado final.

P.- Tu trabajo en la OCDE ha estado centrado en cuestiones de economía circular. ¿Por qué es tan importante avanzar en esta transición para lograr un desarrollo sostenible?

R.- El desarrollo sostenible tiene por un lado un pilar ambiental, otro social y por último está la sostenibilidad económica. En el Programa de la OCDE sobre la Economía Circular en Ciudades y Regiones hemos visto que la economía circular tiene un grandísimo potencial para las tres divisiones. Desde un punto de vista ambiental, el cambio climático es un driver fundamental para las ciudades que están empezando a explorar estos modelos circulares y hay datos que lo respalda. La adopción de un marco de economía circular en sectores clave como el acero, el plástico o el aluminio pueden lograr una reducción de cerca de 9.000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero de aquí a 2050.

Desde el punto de vista económico, también hay ventajas. Muchas ciudades están avanzando hacia la economía circular porque es una manera de crecer, ya que se ahorran costes y se aprovechan fuentes alternativas. El cambio de un enfoque lineal a uno circular cuenta con un potencial económico de 4,5 billones de dólares hasta 2030 y podría traer un ahorro de hasta 700.000 millones en materiales relacionados con el consumo.

«La adopción de un marco de economía circular en sectores clave puede lograr una reducción de cerca de 9.000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero»

En cuanto al potencial social, la adopción del Plan de Acción de Economía Circular que lanzó la Unión Europea espera crear hasta 700.000 nuevos puestos de trabajo para 2030. Todo esta capacidad de generación empleo viene del hecho de que la economía circular está más relacionada con sectores más intensivos en mano de obra, como la reparación, el mantenimiento o la reutilización de materiales. Entonces, vemos que hay un grandísimo potencial desde los tres ejes, sobre todo para aplicarlo a nivel local y regional.

P.- A pesar de estos avances, algunas estadísticas indican que seguimos generando mucho más residuos de lo que deberíamos ¿Qué se debería priorizar para acelerar el proceso?

R.- Las ciudades producen el 50% de los residuos del mundo y se calcula que, para 2050, los niveles de residuos sólidos municipales se duplicarán. Una ciudad necesita en primer lugar tener claro lo que es una economía circular, cuáles son sus beneficios y consecuencias. En este aspecto es importante comunicar a todos las partes interesadas las ventajas de esta transición y qué rol pueden jugar las diferentes administraciones, las empresas, la ciudadanía o la academia. La responsabilidad es compartida, entre gobierno, sector privado y sociedad civil porque cada uno juega un papel importante en la producción y el consumo sostenible..

Como vimos en el informe The Circular Economy in Cities and Regions: synthesis report en 2020, en el que consultamos a más de 50 ciudades y regiones, las soluciones tecnológicas eran el menor de los problemas, porque ya existían. Los mayores problemas estaban en la gobernanza, en la necesidad de tener un marco regulatorio que permita esta transición circular. Por ejemplo, las empresas que quieren utilizar materia prima secundaria se encuentran a menudo con barreras legislativas y también está el tema de la financiación.

instituciones financieras
El crecimiento de los modelos comerciales circulares requerirá cambios estructurales y tecnológicos que necesitan de una inversión inicial fuerte para poder ser viables.

Otro aspecto que hemos visto a menudo es que hay iniciativas a nivel local que funcionan pero que luego a la hora de consolidarlas y escalarlas, hay un riesgo económico importante y por tanto no hay suficiente apoyo ni financiación para que estos proyectos tengan un mayor impacto. Muchos se quedan en fase piloto y no van más allá. Se necesita una regulación que permita experimentar y que se adapte a la realidad de la economía circular. Sin ese marco, ni las empresas ni el ciudadano puede avanzar.

P.- Es decir, que el estado debe proporcionar un marco adecuado, pero son los actores privados, como empresas o fundaciones, los que están mejor posicionados para liderar este avance.

R.- Sí, la involucración de todas las partes interesadas es clave. En la OCDE, cuando trabajamos con distintas ciudades, nos reunimos con todos los actores y tenemos en cuenta las necesidades y el potencial que tiene cada una de las partes interesadas, además de co-diseñar las recomendaciones entre todos. Este ha sido el caso en ciudades como Valladolid (España), Glasgow (Reino Unido) o Groningen (Países Bajos), entre otros.

La economía circulares transversal a todos los sectores y requiere de una visión sistémica en la que todos deben interactuar. Los stakeholders no pueden avanzar de forma aislada y esto se puede llevar a cabo mediante la involucración de todo el mundo. Esto puede llevarse a cabo por ejemplo identificando sinergias entre sectores o mediante la creación de plataformas digitales para el intercambio de información.

«El agua también tiene un grandísimo potencial circular en cuanto a reutilización y reaprovechamiento»

P.- El agua es a menudo señalada como un sector con un enorme potencial de circularidad ¿Qué vínculos existen entre la economía circular y el sector del agua?

R.- El agua tiene un papel fundamental en todo lo que es el cambio climático, el 80% de las consecuencias del aumento de las temperaturas se manifiestan en el sector del agua a través de fenómenos extremos como las inundaciones y las sequías. Pero el agua también tiene un grandísimo potencial circular: todo lo que es reutilización, reaprovechamiento… Y además es un sector transversal, porque toca a toda la economía. Al fin y al cabo, las prácticas de economía circular pueden ayudar a reducir el uso del agua en los ciclos de producción industrial, pueden asegurar tener unos flujos más sostenibles, además de permitir la reutilización para usos específicos.

También tiene potencial para la generación de energía y la recuperación de algunos materiales, derivados del tratamiento y la depuración. Por ejemplo, en el informe La Economía Circular en Granada, España vimos que la ciudad de Granada transformó una planta de tratamiento de aguas residuales en una biofábrica, lo que contribuyó a aumentar la reutilización del agua y la producción de nuevos materiales a partir de residuos.

En el informe de economía circular de las ciudades y regiones de la OCDE, el agua tiene un papel muy importante, siendo un sector destacado en más de la mitad de las estrategias consultadas.

P.- ¿Cuáles los son los siguientes pasos que dar para avanzar globalmente a nivel de economía circular?

R.- Los datos muestran que todavía el potencial de la economía circular todavía no ha sido liberado. España, por ejemplo, como muchos otros gobiernos de la UE ha lanzado una estrategia sobre la economía circular. El desafío es pasar de la teoría a la implementación. Esto es la clave para los próximos años, ahora hay un incremento en cuanto al número de estrategias tanto a nivel nacional como regional y local, pero lo que toca es poner en marcha estas iniciativas y llevar a cabo un seguimiento y monitorización para ver cómo están funcionando.

Me gustaría destacar que esta monitorización es precisamente uno de los mayores retos para todos los niveles de Gobierno, y por eso también desde la OCDE buscamos contribuir en esto a través del OECD Scoreboard on the Governance of the Circular Economy in Cities and Regions. Es cierto que algunos países y organizaciones como la UE llevan tiempo en esto, pero es el momento de que a nivel global todos los países, ciudades y regiones avancen de manera sólida en la transición de un modelo lineal a otro circular, escuchando a todas las partes interesadas y viendo los impactos para seguir avanzando. Los gobiernos tienen en su mano diversas herramientas, como por ejemplo, adaptando la normativa para fomentar la transición, ayudando a movilizar los recursos financieros y asignándolos de manera eficaz y creando espacios para la experimentación.



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