"No debe preocuparnos la tecnología, sino quién está detrás de ella"

“No debe preocuparnos la tecnología, sino quién está detrás de ella”

Caspar Henderson

Escritor

El prestigioso autor británico plantea en su último libro un viaje por el mundo y la vida, de la mano de la ciencia, y que nos invita a redescubrir la maravilla de las pequeñas cosas. Y en ese viaje, claro, ocupa un lugar muy especial el agua


Miguel Ángel Delgado
Madrid | 22 octubre, 2021

Tiempo de lectura: 7 min



Caspar Henderson es un prestigioso escritor y periodista británico que tiene un especial interés por tender lazos entre la ciencia y las humanidades. En su nuevo libro ahora publicado en castellano, El mapa de las maravillas (Ático de los Libros, con traducción de Claudia Casanova), toma como modelo las siete maravillas del mundo antiguo para lanzarnos a un viaje que, partiendo del reflejo de un rayo de sol en la cocina, nos enfrenta a los misterios de la luz, el agua, nuestro corazón y nuestro cerebro, por qué estamos vivos y por qué dejamos de estarlo, y los desafíos a los que nos enfrentamos como especie. Y todo ello, de la mano de una ciencia que hace fascinante hasta el detalle más humilde que nos rodea, y con el acompañamiento de lo que pensadores, literatos, músicos o artistas han aportado sobre esas mismas cuestiones.

PREGUNTA.- ¿Es posible hallar la belleza a través de la ciencia?

RESPUESTA.- Sí. De hecho, ese es, en parte, el mensaje del libro. Evidentemente, la ciencia no es la única forma en la que podemos encontrarla, pero sí que abre nuevos caminos y establece nuevos horizontes, tanto emocionales como cognitivos, para admirarla.

Caspar Henderson
Portada de la última obra de Caspar Henderson.

P.- ¿Necesita la ciencia que alguien la cuente desde fuera? Últimamente se publican muchos títulos en los que autores procedentes de las humanidades se adentran en la divulgación.

R.- Cuantos más libros haya que nos cuenten la ciencia desde el punto de vista del lego, mejor. Evidentemente, hay muchos científicos que están escribiendo libros de divulgación científica, y están muy bien escritos, no necesitan a gente como yo. No obstante, creo que el mundo se beneficia de perspectivas diversas como la mía. En los últimos años estamos viviendo en un mundo enormemente tecnológico, y creo que nuestra cultura, nuestras artes, nuestras ciencias sociales, se benefician de un mejor conocimiento del mundo científico que nos rodea.

En los cincuenta, en el Reino Unido existía una división clara entre las dos culturas. Por una parte estaba el mundo de la cultura científica, y por el otro el de las artes. Poco a poco, esto ha ido cambiando, gracias a un mayor entendimiento entre ambas partes. Es importante abrir estos nuevos horizontes, especialmente para toda esa gente no especializada, para enriquecer nuestra experiencia, tanto en el ámbito cultural como en el científico.

P.- Este libro está escrito antes de la pandemia. ¿Ha cambiado en algo su visión tras asistir a cómo la ciencia ha pasado a estar en primera línea, pero muchas veces incomprendida?

R.- La respuesta corta, claro, es que no. Es verdad que los últimos tiempos han sido extraños, con muchos cambios, también a nivel científico. Con la pandemia ha habido muchas hostilidades hacia la ciencia, también en España, con gente reacia a las vacunas, porque piensan que se han desarrollado demasiado rápido. Descubrimientos como este producen esperanza, pero al mismo tiempo mucha gente no se siente cómoda con esa gran palabra que es la «Ciencia».

Por ejemplo, en la cuestión del cambio climático, recibimos constantemente mensajes claros de los científicos que nos están advirtiendo; las cifras están ahí para quien quiera verlas, pero parece que, aún así, como sociedad no nos estamos tomando todo lo en serio que deberíamos lo que nos transmiten. Pero, como alguien que disfruta al hablar y escribir de la ciencia, creo que siempre hay algo fascinante y nuevo por aprender en ella, y eso afecta a diversos aspectos de nuestra sociedad y de nuestra conciencia. Hay muchos ámbitos en los que descubrir cosas nuevas cada día.

P.- ¿Hemos perdido la capacidad de maravillarnos, o es que estamos saturados de tanta maravilla?

R.- En nuestro mundo existe una gran variedad de experiencias. Por poner un ejemplo, Rachel Carson hablaba de una mujer de ochenta años que ya no era capaz de andar pero que, aun así, todos los días se acercaba al mar porque recordaba con gran cariño las experiencias que durante su infancia había vivido junto a él. Esto demuestra que, aunque pase el tiempo, conservamos  la capacidad de vivir experiencias diversas sobre lo que nos rodea.

“Mucha gente no se siente cómoda con esa gran palabra, Ciencia”

Yo mismo me encuentro en el último tercio de mi vida, y esto me ofrece una nueva perspectiva para experimentar lo que me rodea de otra manera. Y, aunque suene como un cliché, creo que es cierto lo que decía Tolstoi de que encontrarse en este punto de la vida te hace apreciar cada vez más cada día. Aunque, claro, los tengo también malos, como todos.

P.- Su libro plantea un viaje que se inicia en las pequeñas cosas, como un rayo de luz. Pero parece tener una especial fascinación por el agua, que va apareciendo una y otra vez a lo largo de las páginas…

R.- Es interesante, porque no me había dado cuenta hasta ahora de que el agua aparece y desaparece a lo largo de todo el libro, así que te agradezco mucho el comentario. En el libro no hay un capítulo específico dedicado al agua, como sí que lo hay a la luz, pero es verdad que está siempre ahí. No sabría darte una explicación; estructuré toda la narración a partir de conceptos sencillos, y a partir de ahí fui pasando a otros más complejos, porque estos siempre nacen de cosas más simples.

Por poner un ejemplo, el agua que está en estos vasos está formada por dos átomos… bueno, por tres de dos elementos diferentes, hidrógeno y oxígeno. Cuando se unen, estas moléculas tienen una serie de propiedades que no se podían predecir solo desde la química, surge algo sorprendente. De hecho, la mayor parte de las moléculas del vaso, muy probablemente, son más antiguas que la misma Tierra. Antes de este libro, escribí una colección de ensayos sobre animales extraños, y ahí contaba cómo el 70% del planeta está cubierto por agua, aunque nosotros, como mamíferos que vivimos en la superficie, apenas nos paramos a pensar en lo importante que es. De hecho, creo que el futuro de la humanidad, nuestro futuro, depende del de los océanos. Así que, en definitiva, para resumir, diría que sí, me fascina el agua.

Copérnicus
Los océanos están cambiando a un ritmo sin precedentes

P.- En su libro muestra una posición un tanto ambivalente con respecto a la tecnología. Por un lado, ha contribuido a llevarnos a esta situación límite que vivimos, pero por otro parece que va a ser imprescindible para sacarnos de ella…

R.- Somos criaturas tecnológicas. La tecnología ha acompañado al ser humano durante los últimos 200.000 o 300.000 años, y sin ella no habríamos podido desarrollar los instrumentos y las herramientas necesarias para sobrevivir como especie. Evidentemente, también dependemos de otras cosas, como la cooperación, la amistad o los lazos sociales, pero sin la tecnología no habríamos podido llegar al punto en el que estamos, incluidas las armas con las que empezamos a cazar los animales que nos han dado sustento. Creo que la tecnología es un espejo en el que la humanidad se mira, no es un ente que pueda separarse de ella.

Mucha gente me pregunta qué pasará con la inteligencia artificial (IA). Lo cierto es que no tengo respuesta; lo que sí creo es que no va a llegar a ser autónoma hasta dentro de unas décadas. Ahora mismo existen muchas armas autónomas, que tienen un margen de actuación relativamente pequeño, y que son usadas por estados, corporaciones, militares, etc. Es decir, no son autónomas al 100%, siempre hay alguien detrás utilizándolas. Creo que la pregunta realmente importante que tendríamos que hacernos es: ¿Quiénes son esas personas que están detrás? ¿Cuáles son sus motivaciones? ¿Y sus responsabilidades? Esas preguntas deberíamos aplicarlas también a internet o las redes sociales, averiguar quiénes están detrás y sus motivaciones. Vivimos en un mundo saturado de tecnología, en el que resulta muy difícil separarla de la humanidad, pero se trata de un tema muy amplio, y hay mucho debate sobre diferentes cuestiones.

“Como sociedad, no nos estamos tomando en serio lo que los científicos nos dicen sobre el cambio climático”

P.- Toda su obra está guiada por la curiosidad. ¿Hacia dónde está llevándole ahora?

R.- Soy un escritor bastante lento, pero ahora estoy trabajando en un tema que exploré en menor medida en este libro, igual que en cuanto llegue a casa voy a pensar en lo que me has comentado sobre el agua. En este nuevo libro me estoy centrando en la relación del ser humano con el sonido; básicamente, hablo del ruido, de los sonidos de nuestras vidas, tanto en el mundo natural como en el urbano, con incursiones en la física, la música, etc. En definitiva, lo abordo como un lenguaje que afecta a nuestras vidas. En teoría, tengo que entregar el borrador a principios de año pero, como he dicho, soy un escritor algo lento. Pero hay demasiados libros en el mercado, y como lectores no podemos abarcarlos todos, así que incluso puede ser bueno que me tome mi tiempo para escribirlo.

P.- Keats acusó a Newton de “destejer el arcoíris”, porque consideraba que su explicación racional de cómo la luz del sol se descomponía en colores robaba toda la belleza a algo que quedaba limitado a un mero fenómeno mecánico, sin alma. ¿Hemos superado definitivamente el enfrentamiento entre ciencia y poesía? ¿Podemos encontrar un terreno común donde una y otra no se excluyan?

R.- Sería magnífico que ya hubiéramos pasado esa confrontación entre las dos culturas, pero no estoy seguro. Me gustaría responder con una analogía. Yo disfruto mucho con la música. No de manera profesional, pero toco y la disfruto. Tengo amigos que son profesionales, y con ellos me he dado cuenta de que el estudio y la especialización que tienen no empobrece su experiencia artística. Es verdad que se centran más en el detalle, pero eso no impide que disfruten de tocar o escuchar música. Creo que es un bonito ejemplo que demuestra que lo técnico no tiene por qué estar reñido con la experiencia artística o sentimental. Puede existir una comunión entre una perspectiva más técnica, y una satisfacción más sentimental, más primaria.

Y solo un apunte: aunque Keats era un genio, en el caso del arcoíris estaba equivocado. Como sabrás, murió muy joven, con unos 25 años, y lo cierto es que tenía una formación científica como médico. Sin embargo, eso no le impidió disfrutar menos de la vida o tener esas experiencias. Pero, en lo que respecta al arcoíris, estaba equivocado.



Se adhiere a los criterios de transparencia de

Archivado en:
Otras noticias destacadas