“El suelo es el mayor sumidero de carbono y debemos cuidarlo” - EL ÁGORA DIARIO

“El suelo es el mayor sumidero de carbono y debemos cuidarlo”

Ibrahim Thiaw

Secretario ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD)

Una de cada cuatro hectáreas de tierra productiva ha quedado inutilizable, la sequía ya afecta a 169 países del mundo y el cambio del uso del suelo es la principal vía de transmisión de las enfermedades infecciosas emergentes. Hablamos de todo ello con Ibrahim Thiaw, responsable en Naciones Unidas de la lucha contra la desertificación


Judit Alonso
Madrid | 28 diciembre, 2020

Tiempo de lectura: 7 min



El mundo pierde 24.000 millones de toneladas de suelo fértil anualmente, según Naciones Unidas. La desertificación, la degradación de las tierras o la sequía afectan a 169 países del mundo. La agricultura y la urbanización son los motores de la degradación de las tierras. Asimismo, estudios recientes muestran que una de cada cuatro hectáreas de tierra productiva ha quedado inutilizable.

A ello se le une un nuevo escenario. “La COVID-19 ha tenido un rápido impacto negativo a escala mundial en los ámbitos económico y social, lo cual demuestra que se subestiman las consecuencias del cambio de uso de la tierra”, apunta Ibrahim Thiaw, Secretario Ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD). Por ello, “es preciso insistir en la urgencia, tanto en el plano político como en el práctico, para ralentizar e invertir el cambio en el uso de la tierra”, agrega.

“En el plano político, implica garantizar que existan políticas que prevengan o minimicen el cambio del uso de la tierra. En la práctica, significa brindar incentivos que inspiren a consumidores y productores para evitar los cambios en el uso de la tierra. Ambas medidas son un llamamiento a un mundo en el que las personas acepten que el derecho a tomar de la naturaleza va acompañado de la responsabilidad de cuidarla. Un contrato social para la naturaleza”, asegura la máxima autoridad de esta Convención con sede en Bonn (Alemania).

PREGUNTA.- ¿Cómo el cambio de usos de los suelos está relacionado con el coronavirus?

RESPUESTA.- La humanidad depende de las prácticas del uso del suelo que pueden beneficiar a las economías, el bienestar y la seguridad. Sin embargo, algunos usos del suelo degradan los ecosistemas e impactan negativamente a las personas porque un cambio en el uso del suelo modifica, a menudo, los hábitats naturales.

Actualmente, el cambio del uso del suelo es la principal vía de transmisión de las enfermedades infecciosas emergentes (EIDs, por sus siglas en inglés) a los seres humanos. Más del 60% de estas enfermedades son zoonóticas. La mayoría se originan en los reservorios de vida silvestre en los espacios abiertos cercanas a los ecosistemas naturales. Los orígenes de la COVID-19 aún están siendo examinados, pero el cambio del uso del suelo contribuye de manera importante al riego de exposición a las EIDs.

Ibrahim Thiaw, secretario ejecutivo del (CNULD). | Foto: Judith Alonso

P.- No obstante, el coronavirus también puede ser un promotor para la construcción de un mundo mejor. ¿Cómo la restauración de suelos puede contribuir a esta “nueva normalidad”? ¿Cómo estas acciones pueden ayudar a mitigar el cambio climático?

R.- La COVID-19 ha golpeado duramente los sistemas globales. Hay cambios drásticos en los mercados mundiales de materias primas y los productos agrícolas, se ha interrumpido el suministro de alimentos. Las remesas, la transferencia de ahorros de los migrantes a sus familias en el lugar de origen, son una de las mayores fuentes de ingresos en divisas para algunos mercados emergentes y países en desarrollo. Sin embargo, las remesas se han contraído bruscamente e incluso hay señales de migración inversa entre los países y de los núcleos urbanos a las áreas rurales.

Reconstruir mejor significará prestar una mayor atención a los sistemas locales y regionales para compensar parte de la resiliencia perdida en los sistemas globales. A lo largo de la historia, la tierra ha jugado un papel vital en la construcción de las economías.

A nivel local y nacional, evitar la degradación futura y revertir daños del pasado puede acelerar el progreso de la mayoría de las áreas de desarrollo más críticas. Más aún, ante la pandemia de coronavirus y el cambio climático, si se toman acciones estratégicas.

La tierra o el suelo es el mayor sumidero de carbono y debemos cuidarla, sin embargo, cerca de 500 millones de familias agricultoras de alrededor del mundo utilizan esa tierra. Eso es una tremenda oportunidad para usar nuevos métodos de agricultura que pueden enriquecer los suelos y succionar el carbono de la atmósfera para secuestrarlo en el suelo.

El carbono orgánico del suelo es la base para la vida tanto en los suelos como por encima de esos suelos. Así, usando incentivos para promover el uso de prácticas de la gestión sostenible de la tierra se puede abordar la pobreza, ayudar a mitigar el cambio climático y conservar la biodiversidad.

Así pues, redunda en nuestro beneficio garantizar que, como parte del proceso de reconstruir mejor, adoptemos medidas que ayuden a la recuperación de la naturaleza, para que trabaje con nosotros y no en nuestra contra.

“Los grupos vulnerables a la sequía, jóvenes, mujeres, discapacitados y los extremadamente pobres deben estar al frente y en el centro de la respuesta a la COVID-19” 

P.- En este sentido, el coronavirus está copando tanto la atención de los medios de comunicación que deja de lado otras problemáticas como las consecuencias de las sequías que pueden ser mucho más destructivas. ¿Cómo se pueden visibilizar las mismas?

R.- El coronavirus no discrimina, pero su impacto sí. Por este motivo, los grupos vulnerables a la sequía, jóvenes, mujeres, discapacitados y los extremadamente pobres deben estar al frente y en el centro de la respuesta de la COVID-19 y las acciones de recuperación tomadas por gobiernos y otros actores.

Ibrahim Thiaw, secretario ejecutivo del (CNULD). | Foto: Judit Alonso

Cuatro acciones clave podrían aumentar la visibilidad de los impactos de la sequía: la primera es una comunicación efectiva y coordinación o colaboración entre todos los actores, en todos los niveles. La segunda: centrarse en medidas de preparación a la sequía y una respuesta con las que conseguir sociedades y ecosistemas resilientes a la sequía. Tercera: comunicar los riesgos de la sequía y los beneficios de actuar contra la misma. Cuarta: intercambiar experiencias y casos de éxito a nivel regional porque inspiran a las personas y puede motivarlas a actuar.

P.- España es uno de los países más secos en Europa y se estima que el 75% del territorio está en áreas susceptibles de desertificación. ¿Cómo actuar antes de que se convierta en un desierto?

R.- Más de 70 países se enfrentan con la sequía habitualmente. Es una realidad creciente en los países europeos, pero el consumo de agua para la agricultura en España es único. Con un 68%, es muy alto comparado con la media europea del 33%. Esto señala la necesidad de gestionar el lado de la demanda, por ejemplo, usando agua de manera eficiente y reduciendo la pérdida de agua.

La educación y concienciación sobre la conservación de agua y tecnologías de ahorro pueden tener importantes beneficios. Basándose en su larga trayectoria y en una sólida legislación y planificación hidrológica del agua, España puede hacer los cambios necesarios.

“Actualmente, el 80% de los puestos de trabajo en África están en el sector de la tierra. En la región del Sahel, por ejemplo, ocho de cada 10 personas trabajan en la agricultura”

P.- Las consecuencias de la sequía están provocando una crisis humanitaria en el Cuerno de África, además de la inseguridad alimentaria. En este sentido, un informe de Adelphi subraya la relación entre cambio climático y el crecimiento de grupos armados en escenarios de inestabilidad como Estado Islámico o Boko Haram. ¿Por qué un problema medioambiental se convierte en una cuestión política y social?

R.- Las personas de los países desarrollados y los grandes centros urbanos rara vez piensan de dónde proviene su comida y agua. Sin embargo, en las partes menos desarrolladas del mundo, las condiciones de la tierra están ligadas fuertemente a la seguridad alimentaria y del agua, especialmente en las zonas rurales. Cuando la tierra se degrada, las cosechas y las ganancias caen precipitadamente, a menudo, con consecuencias nefastas para las familias. En la región del Sahel, por ejemplo, ocho de cada 10 personas trabajan en la agricultura.

En los próximos 15 años, 375 millones de jóvenes entrarán en el mercado laboral en África. Actualmente, el 80% de los puestos de trabajo en África están en el sector de la tierra. Por ejemplo: agricultura, minería y silvicultura. Sin embargo, cuando estos suelos se degradan excesivamente y se vuelven más poblados, la gente se enfrenta a situaciones desagradables. Es posible que tengan que luchar, a menudo, con sus vecinos, por la escasez de recursos. Es lo que ocurre alrededor del lago Chad, donde se está desarrollando una crisis humanitaria sin precedentes. Millones de personas se enfrentan al hambre y a la inseguridad alimentaria.

Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación

Alternativamente, cuando las personas afrontan una situación imposible con pocos recursos para sostenerse se tienen que mudar. Y no importa cuán peligroso que sea el viaje porque si se quedan en ese lugar, están atrapados. Cuando el ciclo de las opciones menguantes se vuelve en desesperación, los jóvenes, especialmente, pueden caer fácilmente en presas de actividades criminales y extremistas.

Estos retos son reales y presentan riesgos que inevitablemente extenderán en el nivel internacional. Sin embargo, la desertificación, la degradación del suelo y la sequía siguen estando, en gran parte, fuera del radar de los responsables de la toma de decisiones del mundo. No obstante, en el último Consejo de Seguridad de Naciones Unidas discutió estos temas en la Asamblea General. ¿Será el inicio de una nueva era?

P.- En 2020 termina la Década contra la Desertificación y en 2019 año fue el 25 aniversario de la Convención. ¿Cuáles son los principales resultados conseguidos? ¿Y los principales retos del futuro?

R.- Aumentó la concienciación sobre las amenazas globales y la degradación del suelo, la desertificación y la sequía y la necesidad de abordarlas. En respuesta, los países necesitan alcanzar el objetivo de detener y revertir la degradación del suelo para el año 2030: es lo que se conoce como lograr la neutralidad de la degradación del suelo.

Esto es muy ambicioso y hay un progreso significativo. Más de 90 de los 124 países interesados en conseguir este objetivo ya han establecido objetivos nacionales voluntarios. En conjunto suman más de 400 millones de hectáreas de suelo.

Sin embargo, queda mucho por hacer. Todavía hay un reconocimiento limitado de que la degradación del suelo contribuye a la creciente inestabilidad alrededor del mundo que, ahora, se está agravando con las colosales repercusiones del Covid-19.

¿Qué es la CNULD?

La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación es un acuerdo internacional con sede en Bonn (Alemania) sobre la buena administración de las tierras. Ayuda a las personas, comunidades y países a crear riqueza, al crecimiento de las economías y a asegurar suficientes alimentos, agua y energía, garantizando que los usuarios de las tierras tengan un entorno propicio para la gestión sostenible de la tierra. Una buena administración de la tierra basada en una política y una ciencia sólidas ayuda a integrar y a acelerar el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aumenta la resiliencia ante el cambio climático y previene la pérdida de biodiversidad. Unos 196 países y la Unión Europea forman parte de la Convención, de los cuales 169 se ven afectados por la desertificación, la degradación de las tierras o la sequía.



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